Air Max 97, la zapatilla de las pistas de baile

Air Max 97

La primera vez que Phil Knight, fundador de Nike, probó un prototipo de zapatilla con cámara de aire quedó asombrado. La idea era de Frank Rudy, un inventor que había sido rechazado por varias marcas hasta dar con Nike. Ocurrió una mañana de marzo de 1977 y desde ese momento la obsesión de la marca de Oregon fue colocar más aire en sus zapatillas y eliminar espuma de la mediasuela. Ya sea de poliuretano o EVA, los compuestos con los que se fabrican las mediasuelas son más pesados y menos duraderos que el aire. Más aire significa menos espuma, menos peso, más durabilidad.  

Air Max 97

20 años después de aquella carrera de Knight, Nike conseguía tener la tecnología necesaria para que la unidad de aire ocupara toda la mediasuela. Christian Tesser trabajó sobre distintos elementos: menos color, tecnología visible, materiales metálicos y reflectantes, todo con una imagen más sofisticada. El tren bala japonés se convirtió en el ejemplo a seguir. 

La Air Max 97 no fue sólo clave en la evolución de las cámaras de aire, sino que tuvo una fuerte repercusión social. Llegó justo cuando nos preparábamos para el nuevo milenio y la tecnología, además de útil, debía ser visible e impactante. Aunque en toda Europa se asoció a las pistas de baile, en Italia esta zapatilla dio un paso más, conviertiéndose en un elemento que rompía bareras de tribus y clases sociales. Una leyenda nunca referenciada (por algo es una leyenda) cuenta que una famosa pareja de diseñadores cerraba sus desfiles combinando trajes y Air Max 97 (tal y como hacía el cantante Moby en el video del tema principal de El mañana nunca muere).