NIKE SHOX. NACIDAS EN HARVARD, CRIADAS EN LAS CALLES

Mientras el mundo recibía con los brazos abiertos las zapatillas con una unidad Air en la mediasuela en los primeros ochenta, en los laboratorios de Nike ya estaban trabajando en su siguiente revolución. Thomas McMahon era un profesor de biología y mecánica aplicada en Harvard, aunque su popularidad se debe a asuntos muy diversos; publicó un clásico para entender la locomoción animal, pero también varias novelas de cierto éxito que mezclaban historia y ciencia. Pero McMahon no quiso quedarse en las aulas y desarrolló distintas superficies para las instalaciones deportivas de Harvard, diseñadas para mejorar el rendimiento y disminuir las lesiones. Una mezcla de madera y poliuretano que conseguía el retorno de energía sin alterar la biomecánica que fue pronto instalado en otros centros e incluso en el Madison Square Garden.

La idea de Nike era llevar la sensación de aquellas pistas a sus zapatillas, algo que ya estaba en el propio germen de la marca. Uno de sus fundadores, Bill Bowerman, no solo desarrolló zapatillas, también creaba superficies para pistas de atletismo que mezclaban goma y asfalto. Pero ninguna de las superficies de Bowerman consiguió el éxito de la de Thomas McMahon. Nike quiso llevar las sensaciones de aquellas pistas a unas zapatillas y para ello contaron con el propio inventor, con quien desarrollaron unos primeros y voluminosos prototipos realizados en aluminio. Bruce Kilgore (Jordan II, Air Force 1, Sock Racer) tenía una nueva tarea, no debía trabajar en un modelo concreto sino desarrollar un sistema de amortiguación más estable.

Utilizando las ideas de McMahon, Kilgore colaboró con distintas compañías que pudieran desarrollar el material adecuado para la producción masiva, pero eso implicaba un cambio en el diseño. En lugar de una superficie lisa, proponían una especie de cono situado en el talón que debía devolver la energía, pero el resultado no era el deseado.

En 1990 Nike llevaba seis años investigando alrededor de la idea de McMahon, pero los resultados aún no habían pasado de algunos prototipos fallidos. El último empujón llegó de la mano de John Tawney, un ingeniero recién llegado a Nike desde Ford y el biomecánico Gordon Valiant. Tras muchas pruebas descubrieron que el mejor modo de asimilar el impacto y facilitar un retorno de la energía era mediante columnas de espuma de una densidad alta. A diferencia de otros sistemas, Shox recuperaba su forma verticalmente, convirtiéndose al menos en teoría en un sistema de amortiguación estable. Las cuatro columnas verticales de los primeros prototipos fueron testados hasta el agotamiento mientras un equipo de diseño se encargaba de diseñar la zapatilla.

Sergio Lozano (Air Max 95, Air Max 98), Eric Avar (Foamposite, Hyperdunk y la saga Kobe) y John Hoke III (Zoom Superfly Flyknit) tomaron ideas de la primera nave Apollo, del tren 20th Century Limited o del Porsche Spyder 550 de James Dean, en el que se inspiraron para la combinación de plata y rojo. El resultado, una zapatilla construida alrededor de cuatro columnas, que siguiendo la herencia estética de las Air Max se convertían en verdaderos protagonistas. Dieciséis años después de las primeras pruebas, el producto estaba listo.

Lanzadas originalmente en el año 2000 las tres primeras zapatillas con Shox se diseñaron para running (R4), cross training (XT4) y baloncesto (BB4). En el nombre, una referencia al deporte y el número de columnas. Las nuevas Shox utilizaban un nuevo lenguaje de diseño, sin relación con el resto de zapatillas del momento.  En el clásico debate entre rendimiento y estilo, el primero empezó con fuerza. Estrenadas durante los Juegos Olímpicos de Sídney, la mayor parte de los jugadores de la selección de baloncesto de Estados Unidos usaron Shox BB4, pero uno destacó sobre todos. En el partido que le enfrentaba a Francia, Vince Carter saltó por encima de Frédéric Weis, un pívot de 218 centímetros que se convirtió en el mejor espectador de uno de los mejores mates de todos los tiempos. A partir de ese momento todas las zapatillas que Nike diseñó para Vince Carter se basaban en el sistema Shox y dos décadas después el jugador, convertido en un ultraveterano, sigue jugando con aquellas Shox BB4.

El rendimiento quedaba demostrado, solo faltaba ver cómo aceptaban las calles el arriesgado diseño. En un mundo en el que internet aun no se había convertido en un marcador de tendencias, el universo Shox fue aceptado de un modo muy distinto en cada región. En algunas zonas era aceptado como una muestra de innovación y en otras se convertía en la heredera de las Air Max Plus por su estilo impactante y desafiante.

En plena vuelta de un estilo callejero que bebe de los noventa y los primeros años del milenio, COMME des GARÇONS ha recuperado las Shox sumándose a una corriente de reediciones y nuevos modelos. La vuelta de Shox R4 y TL tiene poco de nostalgia y mucho de identificador de un estilo.