Hace unos días, el mundo en general entraba en contacto con el arte de Ashton Attzs . Así funciona el mundo aquí y ahora: da igual que ya te hayas labrado un inicio de carrera espectacular y que tu trabajo sea conocido por un público especializado amplio. Lo dicho: da igual. Porque es que lo único que necesitas es que llegue un evento como los Brit Awards y te seleccione para realizar su imagen gráfica y… ¡zas! Ya está. Para ser exactos, Attzs realizó las ilustraciones que animaron las after parties oficiales de los grandes premios de la música británica. Pero eso bastó y sobró para que, de repente, todo el mundo se pusiera a hablar de Ashton como si no hubiera un mañana.
Y es que, al fin y al cabo, mucho se puede hablar del arte de este artiste (sí, con reivindicativa e final) que ha llevado el discurso del género no binario hacia la industria mainstream de Gran Bretaña y, por ende, del resto del mundo. Lo mejor de todo es que, si no prestas atención, lo más probable es que lo revolucionario de su discurso te pase totalmente desapercibido. Sus ilustraciones surfean esa colorida ola de dibujos con un toque infantil que remiten por igual tanto al dinamismo de Keith Haring como a la paleta emocional de Mariscal. Pero, si te paras a mirar de cerca sus obras… ¿no te parece realmente interesante que la mayor parte de sus personajes no se identifiquen como ningún género binario clásico? O lo que es lo mismo: que puedan identificarse de forma fluida con un género o con el otro.
Ahí está lo magistral del arte de Ashton Attzs: que es poderosamente reivindicativo sin necesidad de recurrir a grandes gestos. Al fin y al cabo, en eso debería consistir toda revolución, ¿no? En alcanzar una naturalidad que no haga necesario subrayar ningún tipo discursos. Porque siempre nos han enseñado que una imagen vale más que mil palabras… ¿y eres capaz de imaginar qué ocurrirá si toda una generación de niños y adolescentes crecen expuestos a este tipo de representaciones del género no binario dentro del arte masivo?




