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EL SURREALISMO INFINITO DE EAMONN FREEL

¿Por qué nos estamos convirtiendo en adictos al surrealismo digital como método más eficaz de procrastinación? Puede que la obra de Eamon Freel no responda a esta pregunta... Pero hay que reconocer que su visión del surrealismo infinito va a hacer mucho más que entretenerte.

Be popular and shut up . Being interesting is usually accompanied by drug abuse . Happiness is complexity . Human progress is not easy . Feeling abandoned? Get a job . It’s great to be rare … Esta sucesión de sinsentidos (con mucho sentido) no son los nuevos Diez Mandamientos para la generación del weirdness en internet. Aunque podrían serlo. Son, más bien, las frases inspiracionales que engalanan las camisetas de una marca de moda generada por Inteligencia Artificial. Si todavía no te has perdido en el interior de esta matrioshka conceptual, sigue leyendo. Porque este tipo de laberintos es el estimulante espacio que habita Eamonn Freel .

Al fin y al cabo, este artista londinense fue el encargado de crear en 3D a los seres para nada humanos que protagonizaron la campaña de promoción (ficticia) de las mencionadas camisetas. Todo fue una performance artística que encontró su hábitat natural en internet, que es donde realmente fructifican este tipo de propuestas. Todos estamos enganchados a esos perfiles de Instagram con vídeos de diez segundos en los que un ser artificial generado en 3D desafía las leyes de la naturaleza para provocar nuestra risa. Porque lo reconocemos como (post)fake. Y porque ya es la sal de nuestra vida.

Eamonn Freel lo sabe, y por eso su arte borda continuamente los postulados de una post-verdad que nunca juega a ser verdad, sino que precisamente tiene su gracia en demostrar que todo es posible en un mundo virtual que se siente poderosamente digital. Fotografía, motion graphics, animación y diseño visual son los medios habituales de este artista alérgico al exhibicionismo de las redes sociales. En su Instagram solo encontrarás su obra, obviamente. Y, por mucho que des con su perfil de Facebook, allá te toparás con un Michael Jackson renderizado y, como máximo, con unas fotos de 2015 de alguien en la nieve que bien podría ser el artista… o bien podría no serlo.

Porque lo importante debería ser la obra y no el autor. Y la obra de Eamonn Freel es una especie de campo de siembra donde el surrealismo multicolor crece de forma asalvajada y fascinante. Uno de esos casos en los que las palabras se quedan cortas… Y que, por lo tanto, se impone el click hasta el infinito y más allá.