El presente dicta que todo diseñador gráfico ha de aspirar a una grandeza que no solo se corresponda a la popularidad masiva, sino también a ser ampliamente reconocido en el circuito artístico. Lo primero, la popularidad, es un culto al ego que se mide a través de los miles de seguidores en Instagram y que suele traducirse en algo así como el Santo Grial del diseño: las colaboraciones con firmas de streetwear que recurren a autores con un imaginario reconocible que luzca bien en prendas, accesorios y sneakers. Sobre todo sneakers. Lo segundo, el circuito artístico, es algo que se formaliza en forma de exhibiciones alrededor del mundo y asistencia a esos debates que hace tanto tiempo que abordan la línea limítrofe entre arte y diseño.
ELLIOT SNOWMAN, ARTE Y DISCRECIÓN (QUE NO ARTE DISCRETO)

¿Debe buscar todo artista gráfico la popularidad masiva y el acceso al circuito artístico? Elliot Snowman demuestra más bien lo contrario: lo único que necesita todo artista gráfico es presentar al mundo un imaginario visual atractivo, original y reconocible. Ese es el credo que él mismo practica.
Elliot Snowman vive ajeno a estas dos líneas de actuación del diseñador gráfico contemporáneo. Y lo sorprendente es, al fin y al cabo, que bien podría estar petándolo en cualquiera de los dos ámbitos. Empezando, obviamente, por una popularidad masiva para la que sus más de 70K en Instagram le dotan de forma sobrada. Lo que obliga a reflexionar: ¿cómo es que ninguna firma de streetwear se le ha aproximado todavía para sacar rédito de su reconocible universo gráfico? Porque ahí está el secreto de Snowman: su mundo animales hiper cool representados en colores surrealistas, siempre a medio camino entre el dibujo animado abstracto de Cartoon Network y el totem hiperestilizado dispuesto a ser estampado en cualquier tabla de skate.
En cuanto al circuito artístico, aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque, para acceder a él, a día de hoy parece que también hay que entrar en el culto al ego. Mostrarse al mundo no como un artesano, sino como un artista dispuesto a deslumbrar tanto con tu palabra como con tus pinceles. Y eso es lo que parece importarle bastante poco a Elliot Snowman, un artista gráfico que opta por la discreción (poco o casi nada se conoce de él) porque, al fin y al cabo, sabe que lo que ha de ser poco discreto son sus creaciones. Y ahí va sobrado.

