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ERIC TIMOTHY CARLSON Y EL ARTE EN EL MUNDO DE BON IVER

Resulta del todo imposible entender los últimos discos de Bon Iver sin la visión artística de Eric Timothy Carlson. Aunque, curiosamente, casi puede decirse que, al fin y al cabo, también resulta imposible entender la visión de este artista por sí misma. Sus símbolos misteriosos solo parecen tener un significado: el que tú quieras otorgarles.

El arte puede ser muchas cosas diferentes, pero hay que reconocer que, cuanto más abierto a la interpretación, más sublime puede percibirse por parte de quien lo aborda. Si un artista es demasiado claro y directo en su obra y en su intención, lo más normal será que pierda nuestra atención y nuestro interés. Pero sin embargo, cuando nos encontramos ante ese tipo de obras repletas de lo que percibimos como símbolos poderosos que no sabemos muy bien qué significan, es imposible no dejar volar la imaginación, y más que reflexionar sobre qué puede significar para el artista, descubrir qué significan cuando los llevamos a nuestra esfera personal.

Esto es algo particularmente poderoso en la obra de Eric Timothy Carlson, que ciertamente no puede entenderse sin los últimos dos discos de Bon Iver. Porque una cosa lleva a la otra, y de hecho Justin Vernon lleva un tiempo dejando claro que este proyecto musical no es unipersonal, sino una especie de colectivo artístico que va más allá de la música y pone especial atención en lo visual. Ahí es donde entra Timothy Carlson, que conoció a Vernon cuando realizó la portada de un állbum para Gayngs (banda en la que también militó Justin) y que se ocupa de la dirección de arte de todo lo concerniente a Bon Iver desde el lanzamiento de 22, A Million.

En aquel disco, muchos se sorprendieron con títulos de canciones como 21 M◊◊N WATER, 715 - CR∑∑KS o 10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄ . Pero es que incluso hasta la forma visual de los títulos llegó la visión artística de un Eric Timohty Carlson que consiguió ligar aquel disco a todo un conjunto de locuras como los diez murales que pudieron verse alrededor del mundo como campaña publicitaria. En i,i, el reciente nuevo álbum de Bon Iver, el artista no se ha limitado a realizar un vídeo para cada una de las canciones, sino que también ha creado innumerables collages que, además de reforzar el merchandising y los pósters de la banda, sirven de hilo para entender la totalidad del disco. La cuadratura de este círculo, además, llegará este otoño cuando Spotify lance una experiencia bajo el nombre de Viisualizer que permitirá disfrutar i,i en todo su potencial audiovisual.

Pero toca volver al principio: a esa capacidad que tiene Timothy Carlson para construir su obra en base a imágenes contrapuestas en sus collages y a el uso de símbolos que aparecen sincréticos y casi atávicos ante aquel que mira. Porque en la escuela nos explicaron que el olmo seco de Machado era un símbolo de una España en crisis y que las hormigas de Dalí eran metáfora del deseo sexual, pero nadie nos ha explicado todavía qué significan los símbolos de este artista. Y eso es lo interesante: que no tenemos las claves para entenderlos y, por lo tanto, podemos entenderlos como queramos.