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FINTAN MAGEE, DIÁLOGO INELUDIBLE

En ocasiones, el arte está repleto de buenas intenciones pero estas buenas intenciones no encuentran la forma de llegar hasta su público. Esto es algo que no ocurre con la obra de Fintan Magee, artista australiano especializado en murales (literalmente) más grandes que la vida misma.

Hay ciertos temas de los que es necesario hablar, y de los que es necesario hablar cuanto antes mejor. Por eso mismo, puede que la forma de avivar el debate en torno a ciertas problemáticas sociopolíticas y económicas del siglo XXI no sea sembrándolas en sesudos ensayos o escondiéndolas en las múltiples capas de ficciones destinadas a la minoría. Lo más sensato es, entonces, poner este diálogo a la vista de todo el mundo y convertirlo en algo totalmente ineludible. Eso es precisamente lo que hace Fintan Magee.

Al fin y al cabo, este artista australiano nacido en 1985 parece que ha decidido llevar el street art hasta su consecuencia más maximalista. Sus murales son literalmente colosales, y suelen ocupar superficies increíblemente extensas con retablos costumbristas a los que les basta y les sobra una única imagen para explicar una historia preñada de intencionalidad. Magee es capaz de sintetizar ciertas crisis humanas en perlas de ese tipo de sentido inequívoco capaz de prender la mecha del debate social.

La elocuencia hecha mural, pero no un mural cualquiera, sino un mural de dimensiones casi megalómanas que quede a la vista de todo el mundo. Porque puedes huir del último ensayo sobre crisis migratoria, pero no puedes evitar contemplar la obra de Fintan Magee si te topas con ella cuando caminas por la calle. Y, tras contemplarla, abrir un diálogo como el que nosotros tenemos con el artista a continuación.

Los lugares suelen influir en el arte: por ejemplo, muchos artistas mediterráneos comparten una visión artística similar. ¿Crees que Australia ha influido en tu arte?

De alguna forma, sí. Siempre he estado muy interesado en los elementos visuales de la narración de historias que provienen de la herencia irlandesa-australiana. Los primeros modernistas australianos, como Albert Tucker, Arthur Boyd o Sidney Nolan todos eran cuentacuentos. A día de hoy, sin embargo, Internet ha hecho que se pierdan muchos estilos e influencias locales y que los artistas estén más globalizados que nunca.

¿Es verdad que tus memorias de infancia juegan un papel muy importante en tu obra?

Ya no tanto, porque he estado intentando alejarme de la nostalgia en mis trabajos más recientes.

Te diste a conocer en la escena del graffiti. ¿Cómo fue entonces tu primer contacto con el street art?

Para mí, ambas escenas están poderosamente conectadas. Pero, probablemente, mi primer contacto con el street art fuera al ver diferentes stencils en Melbourne.

Y, desde ese street art, ¿cuándo y por qué decidiste dar el salto hacia formatos más grandes?

Lo cierto es que no existe un porqué concreto: realmente, fue una progresión natural. Cuando empecé a pintar murales, estaba trabajando casi exclusivamente en lugares abandonados y, de hecho, lo hacía sin permiso. A medida que fui recibiendo encargos y a trabajar fuera de Australia, las paredes se fueron haciendo cada vez más grandes.

¿No es difícil entonces conseguir permisos para pintar murales en lugares públicos?

No demasiado. Normalmente, me invita alguna organización que es la que lidia con el proceso de pedir permisos. Verdaderamente, todo depende de la localización. En Sindey, por ejemplo, hay muchas casas privadas con paredes interesantes, así que solo necesito el permiso del dueño o de la familia en cuestión. Pero si el edificio es diferente, si es un bloque de apartamentos, por ejemplo, entonces la cosa sí que se complica.

¿Te gustan estos espacios públicos porque es el mejor lugar para que, al ser imposible no verlas, tus obras abran un diálogo sobre temas políticos y sociales?

Lo cierto es que empecé trabajando en el mundo del graffiti, por lo que estar en la calle es mi segunda naturaleza. Me gusta mucho el arte que interactúa con el público. Me parece muy interesante la idea de hacer que el arte forme parte de la rutina diaria de la gente.

¿Hay algún espacio con el que sueñes pero en el que sea imposible pintar uno de tus murales?

Curiosamente, no hay ningún sitio en el que quiera pintar que no lo haya hecho o que sea realmente imposible hacerlo. Últimamente, cada vez me fijo más en la escultura, y es algo en el que quiero meterme. Así que este va a ser mi próximo reto.

En tus obras has abordado temas controvertidos como el cambio climático o la inmigración. ¿Te has encontrado con reacciones fuertes ante tu discurso?

Para ser sincero, nunca me he encontrado con ningún caso fuerte. Me he dado cuenta, eso sí, de que los trabajos sobre la crisis migratoria son difíciles de vender en Europa, por lo que asumo que es un tema peliagudo ahí. Pero en verdad nunca he tenido ninguna reacción negativa ni nada parecido.

¿Cuáles son entonces los temas que más te interesa reflejar en tu obra ahora mismo?

Por lo que a mí respecta, simplemente estoy intentando documentar la experiencia humana a través de mi propia lente. Y también explicar historias. Incluso cuando mis obras tratan temas más grandes, intento que estén enmarcados en un contexto humano y con los pies en la tierra. Por eso mismo, las temáticas que trato van cambiando de un proyecto al siguiente.

Esto nos conduce a la última pregunta: ¿cuál va a se tu próximo gran proyecto?

Me voy a un pueblo australiano llamado Dubbo. Tengo un encargo en un hospital, y es un proyecto interesante porque allá tienen una gran comunidad indígena y porque hay una gran brecha entre la salud para los indígenas australianos y para los no indígenas. El hospital está realizando muchos estudios sobre los beneficios de las ‘Bush foods’, una comida aborigen australiana. Me interesa mucho explorar esto y hacer que mi trabajo trate este tema.