Puede que tú no recuerdes cuándo empezó todo esto del street art, de dejar de mirar al museo en busca de arte contemporáneo para rastrearlo en las calles de las ciudades de medio mundo. Puede que tú no te acuerdes… Pero Futura sí. Porque él estaba allá. Porque él fue, al fin y al cabo, la génesis de todo esto.
FUTURA, UN POCO DE HISTORIA

Puede que, a día de hoy, el street art y el arte urbano sean moneda de cambio común. Pero, para que algo sea moneda de cambio común, tuvieron que existir unos pioneros que la acuñaran por vez primera… Futura es uno de esos pioneros, y lo cierto es que realizar una panorámica histórica sobre el calado de su obra y su herencia es algo realmente desbordante.
Un repaso rápido al arranque de la biografía artística de Futura puede causar vértigo y mareos. En serio. Al fin y al cabo, Leonard Hilton McGurr fue uno de los primeros artistas en engalanar con graffitis el subsuelo de Nueva York a principios de los años 70. Los 80 los inauguró por todo lo alto, con una exposición colectiva en la mítica Fun Gallery, sin lugar a dudas cuna del arte urbano creada por Patti Astor y Bill Stelling. En aquella exhibición, Futura acompañaba a otros artistas como Keith Haring, Jean-Michel Basquiat, Richard Hambleton o Kenny Scharf, lo que ofrece una panorámica bastante interesante en la que intuir el lugar que, desde un buen principio, le correspondía a este artista en el mapa del arte contemporáneo.

Por cierto, por aquel entonces (y hasta hace relativamente poco), Futura no se llamaba Futura, sino Futura 2000. Es de suponer que, con el cambio de siglo, McGurr decidió extirpar una coletilla que sonaba demasiado demodé y que no hacía justicia a una trayectoria perlada de momentos realmente históricos. El artista pintaba en directo durante las actuaciones de la gira europea de The Clash en 1981, por ejemplo. Y, tan solo cuatro años después, era uno de los nombres destacados del primer encuentro de arte urbano de la historia, que se celebró en la ciudad francesa de Bondy y que congregó a nombres tan suculentos como Speedy Graphito, Miss Tic, Epsylon Point, Kim Prisu o Banlieue-Banlieue.
Y, entonces, justo casi en el cambio de milenio, llegó su segunda juventud. De repente, Futura estaba en boca de absolutamente todo el mundo gracias al fascinante trabajo que estaba realizando para portadas de diferentes bandas del sello Mo’Wax en general, y en particular para otro icono de finales de los 90: la banda Unkle, que nunca fue una banda sino el delirio megalómano del productor James Lavelle. Eran otros tiempos, en los que una portada era algo importante. Tan importante como los graffitis en los 80. O como el arte digital a día de hoy.
Desde entonces, sin embargo, McGurr ha sabido mantenerse en la cresta de una ola que no parece frenar nunca en intensidad. Futura no solo tiene su propia marca de moda, sino que es uno de los principales nombres del diseño a nivel internacional además de uno de los artistas seminales del arte urbano. Es capaz de alternar una colección cápsula de camisetas para Uniqlo con una exposición en la Biennale de Venecia. Porque así es el artista del siglo XXI: un artista polivalente cuyas reglas fueron establecidas, en gran parte, por el mismo Futura.

