Puede que, precisamente porque todavía hay quien prefiere negar la evidencia y vivir en su fantasía particular, el cambio climático se esté convirtiendo en El Coco de la generación de Greta Thunberg: una presencia ominosa que nos obliga a imaginar futuros apocalípticos de muerte y destrucción en los que medio mundo estará bajo las aguas y el otro medio mundo estará peleándose por sobrevivir en un entorno hostil. De alguna forma u otra, es necesario que nos asustemos con ese posible futuro, porque ya se sabe que el miedo es el gran motor de los cambios. Y necesitamos un gran cambio.
Pero lo cortés no quita lo valiente y, en serio, ¿es necesario que seamos tan catastrofistas y que solo pensemos en colores oscuros? Hayden Clay Williams opina que no. De hecho, un viaje a la ciudad de Venecia le hizo entrar en contacto con todo un conjunto de infraestructuras preparadas para afrontar la subida del nivel del mar. Y eso le obligó a imaginar cómo serían otros lugares del mundo que, de alguna forma u otra, vivieran en la fantasía mencionada más arriba y no contaran con las infraestructuras de la urbe italiana. Curiosamente, el artista no fantaseó con el diluvio universal y la noche eterna, sino que más bien empezó a pensar en cómo la belleza es lo único que muchas veces queda después del desastre.
Esta línea de pensamiento no es para nada extraña si se conoce la trayectoria de Williams. La mayor parte de su carrera ha estado consagrada a la fotografía, campo en el que se ha dedicado a trabajar la sobrexposicón de diversas imágenes siempre priorizando la paleta de colores de los rosas y los violetas, algo que siempre aporta un toque de romanticismo retrofuturista. Ahora bien, este artista originario de Frederick (Maryland) suele afirmar que, cuando no puede recurrir a la fotografía para plasmar una imagen porque esta no existe en la realidad, es entonces cuando recurre al 3D. Y ahí es donde entra en acción su World Underwater, una serie de renders que muestran un mundo sumergido bajo las aguas donde no hay espacio para la oscuridad, sino para la serenidad y la belleza. ¿O acaso no será eso lo que quedará una vez el cambio climático eleve las aguas y barra a los humanos de la faz de la tierra?





