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INDIE, NUEVA SANGRE

Pero, a ver, un momento, ¿qué hacemos hablando de indie en pleno año 2019? Pues resulta que en los últimos años han empezado a proliferar todo un conjunto de jovencísimos artistas que están practicando el indie de toda la vida… pero en sus propios (y renovados) términos. Te hablamos de cinco de ellos que están aquí para cambiar las reglas del juego indie.

Indie. ¿Existe etiqueta más antigualla? ¿Eres capaz de pensar aquí y ahora en un género que luzca más fuera de juego después de las revoluciones musicales que forzó la electrónica a mediados de los 90? Al fin y al cabo, el siglo XXI impuso desde el principio el paradigma del músico que se autoproduce él solito sin salir de su habitación gracias a todo un conjunto de herramientas digitales que han hecho posible que con un ordenador puedas sonar a banda bien producida.

Esto eliminaba de un plumazo uno de los grandes rasgos de identidad del indie: esa producción que podía ser más o menos lo-fi (de hecho, no hay nada menos lo-fi que el indie británico bien empaquetadito para quemar las radiofórmulas), pero que siempre sonaba cálidamente analógica. También el hecho de que el indie era algo de una banda con cara y ojos. Con guitarra, bajo, batería y voz. Y, si vamos incluso un poquito más allá, también tendremos que admitir que el indie implicaba algo que en pleno siglo XXI no podría estar más en desuso: cierto optimismo, ciertas ganas de vivir que, incluso cuando se ponía hater, te daban ganas de darle un mordisco a la vida.

Y aquí estamos, en pleno año 2019, hablando de electrónica post-género, de flamenco urbano o de reggaeton selecto. Si incluso Bon Iver se ha pasado a la electrónica, ¿qué esperanzas de vida le deberían quedar al indie? Pues resulta que, contra todo pronóstico, el indie ha decidido a renovarse y no morir. De repente, hay todo un grupo de niños y niñas que le están dando cañita brava a sonoridades reconociblemente indies cuando se encuentran, como máximo, en la flor de su veintena.

El cambio, eso sí, radica en la fórmula de la banda. O, por decirlo de otra forma, en la total desaparición del concepto banda para apostar, de nuevo, por el chico o la chica que se lo guisa y se lo come a solas en su habitación. Cómo llevan esta soledad creativa al directo sin caer en el aburrimiento supino es harina de otro costal que merece ser tratada en otro artículo aparte. Porque, en este texto, lo que queremos es hablarte de cinco chavales que están haciendo que la etiqueta indie vuelva a ser apetitosa y crujiente.

(SANDY) ALEX G. Da igual los discos que lance Alex Giannascoli , y ya van seis si contamos el inminente House of Sugar . En su lo-fi sigue reverberando el eco de las cuatro paredes de su habitación de adolescente. Ese es parte del encanto de la música de (Sandy) Alex G. , que ha sido capaz de obtener el beneplácito tanto de la vieja guardia indie (a día de hoy, su discográfica es Domino) como de la nueva vanguardia (ha colaborado en los dos discos de Frank Ocean).

SNAIL MAIL. A Snail Mail, que es el nombre artístico de Lindsey Jordan, le ha producido G.L. Jaguar de Priests y ha girado con bandas de pata negra indie como Waxahatchee, Girlpool o Beach Fossils. También lo petó en el pasado 2018 con su disco Lush y salió laureada del reciente Primavera Sound 2019 como una de las actuaciones más solventes y emocionantes. Todo ello con 19 añitos de nada. Porque las mujeres siempre practicaron el indie con maestría. Pero ahora, más.

BOY PABLO. Everytime fue el típico videoclip que se hace viral en YouTube y que, irremediablemente, obligaba a pensar que, en cuanto saliera a la palestra la siguiente tontería viral, te olvidarías de su autor. Pero no fue así. Y, de hecho, bastaron algunos meses más para demostrar que Nicolás Pablo Rivera Muñoz, noruego con sangre chilena que se hace llamar Boy Pablo, es un chaval con suficiente pericia como para autoproducirse y sonar fetén, pero también con la suficiente inteligencia como para rodearse de una banda con la que transmitir su espíritu de diversión pura y dura.

JAY SOM. La filipina Melina Duterte puede fardar de una de las historias más graciosas en la historia de la elección de nombres artísticos. Y es que Jay Som surgió directamente de generador de nombres online de Wu-Tang. Algo tipo, ¿cuál sería tu nombre si estuvieras en Wu-Tang Clan? Y eso que su música, tal y como demuestra su reciente disco Anak Ko, nada tiene que ver con el hip-hop de vieja escuela, sino con un indie-pop de limpísimos ojos azules que mira hacia el futuro.

CUCO. Puede que Omar Banos sea el que más a menudo se aleje de la fórmula recalcitrantemente indie para caer en terrenos de bedroom pop. Pero da igual: ambos terrenos son cercanos. Y, sobre todo, en los tres discos que lleva a sus espaldas desde 2016, Cuco firma canciones suavitas y sugerentes en las que no solo mezcla inglés y castellano de forma desarmantemente natural, sino que te obligan a admitir que los géneros dan igual porque lo que importa es calentar el corazón a cámara lenta.