Widget Banner Image Duties CHI-COL

JORDAN IV, LA JUGADA QUE ESTABLECIÓ UNA TRADICIÓN

Durante los primeros años de Michael Jordan en la NBA el debate era si aquel joven saltarín y anotador podía hacer mejor a su equipo. Las apariciones de los Bulls en playoffs, la fase definitiva de la temporada, permitían que Michael se luciera pero el resultado siempre era una eliminación temprana. 1989 parecía repetir la tendencia; clasificados como sextos de su conferencia, los Bulls se enfrentaban a los Cavs con un historial en su contra, habían perdido los seis partidos de la temporada regular.

Los Bulls, cansados de ser  el “equipo de un solo jugador”, decidieron agrupar sus fuerzas incluso desde el lado estético: Brad Sellers propuso usar zapatillas completamente negras para dar una imagen de unidad. En aquella época en la NBA seguía vigente la norma que obligaba a todos los jugadores de un equipo a llevar zapatillas del mismo color, por lo que cambiar al negro mostraba su intención de trabajar en conjunto. En 1989 las zapatillas negras seguían siendo una rareza accesible solo para los Boston Celtics, casi imposibles de conseguir para Will Perdue, el pivot de los Bulls que tenía una talla 21US (un 57 europeo). Bill Cartwright, John Paxson y el propio Perdue tuvieron que teñir sus zapatillas, en un proceso que no estuvo listo hasta unos minutos antes del primer partido. Michael Jordan sí tenía zapatillas negras, unas Jordan IV con las que ya había jugado el All Star ese mismo año. En el tercer partido de los playoffs, pidieron a los espectadores que llevaran zapatos negros e incluso el equipo técnico llevó zapatillas negras para convertirlo en una tradición.

Pero lo que fijó para siempre al negro como color de los playoffs fue una actuación histórica de Michael en 1989. En los tres primeros partidos Michael se fue a 31, 31 y 44 puntos; los Bulls se adelantaban 2-1 para quedarse a una sola victoria de la siguiente ronda y el cuarto partido, en Chicago, podía convertirse en decisivo. Jordan anotó 50 puntos, pero falló dos tiros libres en el último minuto y una canasta en juego en el último segundo que les costó el partido. Según el propio Michael escribió diez años después, el cuarto partido fue el momento más bajo de su carrera como profesional. El debate volvía a ser el mismo ¿puede Michael Jordan ser el líder que necesita su equipo?

En plena discusión sobre el papel de Michael en los Bulls llegaban al último partido de la serie frente a los Cavs: el ganador pasaría a la siguiente ronda. En los últimos seis segundos Michael puso a los Bulls por delante en dos ocasiones, pero sería la última la que pasaría a la historia, un tiro a media distancia que entraba a la vez que sonaba la bocina. Una jugada que marcó para siempre a su defensor, Craig Ehlo que un segundo antes de que el balón entrara podía presumir de haber realizado su mejor partido en playoffs.

No era la primera vez que Jordan destacaba en los playoffs, ya lo hizo en su primera aparición frente a los Celtics, pero esta vez su actuación fue decisiva. Phil Jackson, por entonces entrenador asistente de los Bulls, cree que la importancia de aquella canasta frente a los Cavs es que ocurrió dos días después de que Michael fallara en una situación parecida. Fue el momento en el que Michael Jordan se convirtió en un líder.

The Shot, como pasó a ser conocido aquél tiro, convirtió a los Bulls en un equipo dirigido por Michael Jordan. Y sus Jordan IV negras en su símbolo.