Siempre hay una de estas actuaciones en el Sónar. En ediciones de hace ya algunos años, conciertos como los de Arca o Bad Gyal, incluso Rosalía en 2018, se llenaron hasta la bandera a base del boca oreja puro y duro. El festival de música avanzada de Barcelona suele incluir en su programación un show que todo el mundo parece convenir que será la revelación absoluta… Y, de hecho, acaba siéndolo, marcando uno de los primeros puntales de la carrera de estos artistas. No hay duda de que esa actuación en Sónar 2019 era la de K Á R Y Y N.
K Á R Y Y N, CAMBIAR UNO MISMO PARA CAMBIAR EL MUNDO (CON LA MÚSICA)

No hay duda alguna, la actuación de K Á R Y Y N ha sido uno de los grandes campanazos del reciente festival Sónar 2019. Y eso que no pilló por sorpresa a nadie, ya que su álbum The Quanta Series hace meses que es adorado por la crítica y (cada vez más) por el público. Se la compara con Arca y con Björk… Pero dejemos las comparaciones a un lado, porque aquí hemos venido a hablar con ella y solo con ella.
El buzz venía de lejos. La artista hace ya algunos años que viene sonando gracias a canciones que ha ido dejando caer con cuentagotas. Como una (gozosa) gota malaya. Y, cuando nadie lo esperaba, su disco de debut aparecía bajo el nombre The Quanta Series, recopilando lo que habíamos escuchado y ampliándolo con una buena tanda de compañeras pluscuamperfectas que le han catapultado directamente hacia la órbita del mencionado Arca. Otra vez Arca. Pero también de otras artistas de electrónica abstracta pero poderosamente emocional como Holly Herndon o Björk. Björk, por cierto, se ha declarado fan de K Á R Y Y N. También Marina Abramovic.
Y el buzz se confirmó. Efectivamente, la actuación de la artista en Sónar 2019 fue una confirmación magnánima. La confirmación de que nos encontramos ante una de las personalidades más únicas de la música electrónica actual. Una personalidad atravesada por raíces más que complejas, ya que su familia tiene ascencencia armenia y siria. Esa dualidad yanqui y europea se complica más todavía si tenemos en cuenta que K Á R Y Y N creció en Indiana hasta los 10 años, se mudó entonces a Los Ángeles y, desde allá, en 2013 recaló en Berlín para acabar en Londres, donde reside actualmente. Los sonidos de todos estos lugares también se dejan sentir en The Quanta Series , que es la excusa que nos lleva a hablar con ella en su paso por Barcelona.
¿Qué impacto tuvieron los diez primeros años de tu vida en el medio oeste americano?
Cuando era una niña, pasaba mucho tiempo jugando en el bosque en medio de la nada, totalmente sola. Tener tanto tiempo para ser introspectiva me convirtió en una niña profunda que se pasaba el día pensando en cosas muy poco propias de alguien de esa edad. No haber pasado la infancia en una ciudad, sino en el campo, hizo que usara mi imaginación de una forma creativa a la que sigo recurriendo a día de hoy. Así que, sí, creo que mi infancia tuvo un gran impacto en quien soy ahora. Estaba muy aburrida, así que tenía que sacarme de la manga cosas con las que divertirme. Me lo hacía todo yo misma.
El cambio de ser una niña en los bosques a caer directamente en las calles de Los Ángeles debió ser realmente chocante.
Vaya que si lo fue. Y otra cosa te diré: me deprimí completamente. Imagina: tuve una infancia realmente mágica y, de repente, todo eran niñas con shorts y diamantes. Yo estaba pasando por una fase tomboy. Así que cuando tenía 15 años, prácticamente me pasaba el día jugando a la consola. Cuando estábamos en el campo, nadie se planteó comprar una vídeoconsola. Pero, cuando llegamos a la ciudad, en serio, ¿qué iba a hacer si no? Así que les rogué a mis padres hasta que me compraron una Nintendo 64.
¿Cómo entró la música en tu vida, entonces?
Toda la familia de mi madre son muy musicales. Les encanta todo lo artístico. Mi padre es científico, es cirujano. Mi primo es físico cuántico. Es por eso por lo que mi visión de la música está también influenciada por la ciencia. Sea como sea, todas mis hermanas cantamos. Y, cuando nos mudamos a Los Ángeles, empecé a estudiar música como parte de ese proceso en el que descubrí que me costaba relacionarme con la gente. Empecé a hacer música porque me sentía sola.
¿Pero estabas sola porque realmente quisieras estar sola?
No, no. Inicialmente, en el campo, era porque había muy pocos niños a mi alrededor, y los que había eran mucho más mayores que yo. Mi pueblo tenía cinco mil habitantes, y en verdad vivíamos en medio de la nada, sin nadie cerca. No es que yo quisiera estar sola, es que lo estaba a la fuerza.
Lo decía por el eterno misterio del huevo o la gallina: ¿qué fue antes, ser una persona solitaria que se vuelve creativa e introspectiva o ser una persona creativa e introspectiva que busca la soledad?
Yo creo que, en mi caso, fue un poco de ambos casos. Soy un poco ermitaña. Soy una extrovertida introvertida. Me gusta ser social pero, cuando lo soy, necesito mucho tiempo para mí, para reconstruirme.
Profundizando más en tu árbol genealógico, tu familia tiene raíces armenias y sirias. Y, de hecho, canciones como Aleppo exploran esa herencia familiar… ¿Crees que un artista ha de usar su voz para crear conciencia sobre problemas como el de Siria?
El punto de partida de todo mi proyecto es la empatía, las relaciones y la interconexión. Me siento interconectada con el mundo. El centro de mi proyecto es el yo, así que tengo que trabajar en mí misma, en mi mente, en cómo interactuo con el mundo, en cómo veo el mundo, en cómo me afectan las cosas… Los sentimientos que siento y las experiencias que acumulo mientras vivo es de lo que trata mi música. Mi meta siempre ha sido y sigue siendo que cualquier plataforma que gane, la voy a usar para hacer el bien, lo acabe sabiendo la gente o no. Por ejemplo, pronto voy a tocar para diez mil personas, y un 10% del precio de cada ticket vendido irá a parar a una organización que lucha por acabar con la pobreza en el mundo. Hay otras causas que también me interesan, como le educación o la descontaminación del agua. Así que, cuando gano una plataforma, me sale de forma natural devolver esta ayuda. No todo puede ser yo, yo, yo. Mírame, mírame, mírame. Esa parte de la música puede ser divertida, pero no me representa. Me representa mucho más conectar con la gente y conseguir emocionarla. Si se emocionan, el tamaño de la plataforma será más grande. Y eso es lo que voy a hacer: voy a cambiar el mundo. Primero me cambio a mí, luego cambio el mundo.
A ese respecto, entonces, ¿cómo ha sido la respuesta de la gente a tu nuevo disco?
Honestamente, he recibido mensajes realmente intensos sobre cómo el álbum ha afectado a ciertas personas. Y de eso es de lo que trata. Esa era mi intención. Yo he sido poderosa e intensamente cambiada por lo que he vivido, y eso es lo que he metido energéticamente en mi disco. No es que el resultado final haya sido resultado de la suerte… He trabajado muy duro. Esa es la gran cuestión con el arte: el arte es el proceso de hacer arte. En el caso de la música, la compones, la grabas, la publicas, la vives en directo. Curiosamente, ya estoy grabando el que será mi siguiente trabajo y suena completamente distinto, pero es porque viene de otras vivencias completamente diferentes. Procede de otro lugar. Será interesante observar cómo, a medida que yo vaya creciendo como persona, mi público también irá creciendo. Porque, a medida que viva otras cosas, también atraeré a gente distinta. Lo curioso es que digo esto y, a la vez, cuando alguien me comenta que ha escuchado mi disco, me sorprende, me parece increíble.
No debería sorprenderte: la gente suele conectar con los sentimientos humanos sinceros…
La cuestión es que, para mí, lo importante no es decir yo he sentido esto. Lo interesante es decir yo he sentido esto… y, por el camino, he aprendido esto otro. Es por esto por lo que he tardado tanto en lanzar mi primer álbum: porque necesitaba vivir la vida. Necesitaba explorar mis sentimientos, aprender de ellos y, entonces, tener algo que ofrecer a quien me escuche.
Entonces es por eso por lo que han pasado tantos años desde tu primera canción hasta la publicación del disco…
Bueno, en verdad es que en ningún momento estaba intentando hacer un disco.
Pues al final suena totalmente homogéneo.
Supongo que suena coherente porque yo soy el hilo conductor de todas las canciones. Curiosamente, estoy totalmente obsesionada con que cada canción suene totalmente única y que ninguna suene como otra que ya haya compuesto. Si te paras a escuchar la música de los temas, todos suenan realmente diferentes. Nunca uso la misma idea… Y lo único que las une es mi voz.
¿Será igual para tu siguiente disco?
Seguramente. Ya lo estoy produciendo junto a James Ford, de Simian Mobile Disco, y Steve Nalepa, que ya me ayudó en la producción de The Quanta Series.
¿Y por qué decías que procede de un lugar totalmente diferente en tu vida?
Porque las canciones no tienen nada que ver con las de The Quanta Series, que es un álbum que sucede a la vez en el pasado, el presente y el futuro. Sucede en el espacio, en una nave espacial que está comandada por una conciencia colectiva. No queda gente. Y esa conciencia reflexiona sobre qué era la humanidad. En The Quanta Series el sonido era de metal y grava. Era negro y marrón. También blanco y un rosa muy cálido. Había muchas atmósferas. Sin embargo, este nuevo disco en el que estoy trabajando será… Bueno, en verdad no puedo decírtelo. Solo que será totalmente diferente. Pero también será totalmente yo.
- Fotos: Viridiana Morandini

