China: Through The Looking Glass. Aquella fue la temática de una de las exposiciones más icónicas de la división de moda del MET y, por consiguiente, también la temática de la MET Gala que siempre da el pistoletazo de salida a la exposición anual comisariada por Andrew Bolton con la estimable ayuda de Anna Wintour. También debería haber sido la advertencia definitiva: resultaba urgente situar a China en el mapa de la moda internacional, porque el futuro no va a entenderse sin la aportación de este país cada vez más poderoso dentro del estatus económico mundial.
A LA CAZA DEL DRAGÓN DE LA MODA CHINA
La exposición China: Through The Looking Glass ayudó a poner a China en el mapamundi de la moda. Ahora, más que nunca, nombres como Guo Pei, CLOT o Sankuanz se han convertido en moneda de cambio común. Pero es que hay muchas otras propuestas que se van sumando a este tsunami destinado a cambiar el panorama fashionista internacional.
Lo curioso es que aquella exposición, más que nada, era una excusa para mostrar cómo los diseñadores occidentales han bebido de las influencias chinas desde principios del siglo pasado. Mucho se habló de las visiones de Galliano y McQueen del imaginario chino, cuando lo que realmente debería haber calado hondo fueron imágenes para el recuerdo como el vestido de Guo Pei que convirtió el paso de Rihanna por la alfombra roja en un meme andante en el que se comparaba su faldón maximalista con una tortilla francesa.
Aquella fue la primera toma de contacto de muchos con el fascinante universo de Guo Pei, cuya estrella ha ido ascendiendo temporada tras temporada gracias a su visión de la moda como fantasía en la que cabe todo, pero siempre en versiones gigantes, ya sea un vestido hilado por trescientas bordadoras u otro de cincuenta kilos de peso que necesitó de una gimnasta en vez de una modelo para poder ser lucido pasarela abajo. Antes, Guo Pei ya había sido la primera diseñadora china en entrar en Chambre Syndicale de la Haute Couture y, por lo tanto. Es en ese espacio donde ha crecido su mito.
Sin embargo donde está sacando pecho la moda china no es en la alta costura, sino en el streetwear. Hace tan solo unas semanas que Nike anunciaba su tanda de colaboraciones estelares que revisitarán su mítica Air Max, y entre ellas se encontraba uno de esos nombres que en la última década han servido para puentear la cultura occidental y la oriental: CLOT, la firma de Edison Chen y Kevin Poon conocida por usar las colaboraciones como método de infiltrarse en múltiples capas de la cultura más allá de la moda. Tras una temporada un poco under the radar, es el momento de que CLOT vuelva al ruedo. Y por todo lo alto.
Tendrá que luchar, eso sí, contra toda una camada de nuevos nombres del streetwear chino que, sin lugar a dudas, tiene un líder clarísimo: Sankuanz. La firma de Shangguan Zhe se ha especializado en ese filón de la moda postmoderna que usa los códigos tradicionales (en su caso, los orientales) para poner en jaque lo que debería y no debería ser la moda. Y, por mucho que el mismo Zhe afirme que sus diseños son imposibles e innecesarios, hay toda una legión de fans del streetwear que ya han decidido lo contrario.
¿Más síntomas de que China es el país del que más vamos a hablar en los próximos años? Mucho ojo con la visión del unisex de Fiona Lau y Kain Picken al frente de ffiXXed, la pesadilla noventera de Angel Chen, las siluetas futuristas de Vega Zaishi Wang, la moda de una única talla de Chen Peng, las prendas de punto complejo de Anaïs Jourden, esa Ms MIN de Liu Hao que Rosamund Pike popularizó al vestir en la película Perdida. China ya no está tras el espejo: está aquí, entre nosotros. Y su aportación al mundo de la moda va a ser bien refrescante.

