El periodismo del siglo pasado tenía una obsesión muy particular: meter todo en cajoncitos lo más compartimentados posibles. Todavía se hacen bromas a costa de aquellas publicaciones que perdían la vida en catalogar cada disco con una etiqueta lo más sofisticada posible sin darse cuenta de que esa sofisticación a veces rozaba lo absurdo. ¿Post-doom-metal balcánico pre-comunista? ¿Electro-house baleárico uber-clubber-nighter? Mira, es que no. La música es música, y una de las mejores cosas que nos ha traído el siglo XXI es la concepción de la música como algo fluido, nunca estanco. Algo que puede y debe fluir de un género a otro sin prejuicios ni complejos.
CINCO ARTISTAS QUE DEMUESTRAN QUE LA MÚSICA ES POST-GÉNERO
Arca se ha convertido en la punta de lanza de una especie de movimiento rupturista que, de la forma más natural posible, derriba todo tipo de fronteras. Para empezar, fronteras entre géneros musicales, pero también en todo lo tocante a la identidad de género. Pero, obviamente, Arca no está solo en este panorama… ¿Quiénes son los líderes de la música post-género?
De ahí nace, por ejemplo, la fascinación que en los últimos años hemos sentido hacia un artista como Arca, que coge esa fluidez de género musical y lo aplica a su propio imaginario estético. Ahí está también Miley Cyrus explicando que no se siente cómoda con ningún género sexual, o Sam Smith afirmando que es de género fluido. Dos casos a lo mejor menos interesantes en lo musical, pero muy relevantes por lo que tienen de adhesión del mainstream a esta tendencia sanísima a quitarse las etiquetas de encima, tanto en lo musical como en la identidad de género.
Pero, entonces, ¿cuáles serían los líderes musicales de esta camarilla post-género? A continuación identificamos (y celebramos) a cinco de ellos.
ARCA. Quien haya visto a Arca en directo, habrá entendido a la perfección por qué el futuro no tiene género. Y por qué, de hecho, casi ni tiene cuerpo. El propio cuerpo de Alejandro Ghersi es un fluido viscoso y pegajoso que se adapta a los visuales de Jesse Kanda y se enfunda en un beligerante uniforme post-fetish. Si el futuro es así, lo compramos.

MYKKI BLANCO. A Mykki Blanco lo conocimos primero como rapero queer, más tarde como valiente a la hora de admitir que había contraído el VIH y, finalmente, como fascinante figura que fluye de un género a otro mientras reivindica que el hip-hop no tiene por qué ser un campo de minas de pura masculinidad tóxica.

SSION. Los géneros tradicionales también pueden mostrarse fluidos, y así lo demuestra SSION (a pronunciar como shun) al frente del queercore, un movimiento que trabaja por la redefinición del punk desde el punto de vista LGBTIQ. Su participación travestida en uno de los más recientes y gloriosos videoclips de Ariel Pink ya es un clásico post-género.

YEGUA. España también es permeable al postgénero, y así lo demuestra Yegua, el proyecto de José Cascajo que suena como Arca pero que guarda muchas más similitudes visuales con Matieres Fecales. El resultado de la mezcla es perturbador y elocuente a partes iguales, pero sobre todo es una promesa de futuro que asusta.

CHRISTEENE. Christeene se define a ella misma como una dragterrorista: en un mundo drag obsesionado con la belleza, ella opta por llevar al público hasta el extremo en unas actuaciones de las que quieres apartar la vista pero que no puedes dejar de mirar. El hombre detrás de Christeene, Paul Soileau, la define como una adolescente trash. Pero el resultado final es inclasificable.


