A principios de octubre, Frank Ocean volvía al ruedo de esa forma en la que le gusta hacer las cosas: rompiendo el silencio a base de misterio, nunca con un grito ni una explicación. De repente, el artista empezó a lanzar canciones como DHL o In My Room, que hacen pensar que no anda lejos el álbum que dará continuidad al celebrado –y añorado– Blonded. Y, rizando el rizo, Ocean celebró la primera edición de su fiesta PrEP+, que ya incluso ha vivido una segunda fecha que se convirtió en hot topic debido a las fotos de Arca y Rosalía festejando como si no hubiera un mañana.
PREP+, MUCHO MÁS QUE LA NUEVA FIESTA DE FRANK OCEAN

Todavía no está claro cuándo se publicará el nuevo disco de Frank Ocean. Pero lo que sí está clarísimo es que su nuevo proyecto es PrEP+: una serie de fiestas celebradas en la ciudad de Nueva York que tienen como objetivo generar un debate en torno a la pastilla que podría erradicar la epidemia del sida.
Pero ahí está el problema: este es uno de esos momentos en los que los árboles pueden impedirte ver el bosque. O lo que es lo mismo: Rosalía puede impedirte percibir la verdadera valía de la fiesta. Y es que, desde el principio, el mismo Frank Ocean definía sus intenciones de forma asertiva con un comunicado que apuntaba a “una serie de noches en un espacio seguro para que la gente se reúna y baile. Un homenaje a lo que podría haber sido la escena de clubs de la Nueva York de los 80 si la PrEP –que puede tomarse diariamente para prevenir el VIH / sida en el caso de aquellos que no están infectados pero se encuentran en situación de alto riesgo– se hubiera inventado en aquella época”. La intención no podía ser más encomiable: usar la excusa de una fiesta y la proyección de Ocean para dar a conocer una realidad que muchos desconocen a día de hoy. La PrEP es una pastilla que, de hecho, hace ya años que es motivo de debate en lo comunidad LGBTIQ: muchos opinan que si recibiera el apoyo total de la salud pública, frenaría una epidemia que sigue afectando a toda una generación que precisamente ha vivido un aumento de contagios porque la gente se creyó invencible e intocable. El ‘esto no me pasará nunca a mí’ es un triste error de percepción que los paladines de la PrEP creen que la pastilla podría erradicar de una vez por todas.

Pero, claro, también surgieron voces en contra de PrEP+. Para empezar, el secretismo de las dos ediciones (que no anunciaron su localización hasta el último momento y que custodia una lista de invitados a la que es realmente difícil acceder) parece ir en contra de ese espacio para que todo el mundo baile. No todo el mundo puede bailar con Rosalía y Justice, que fueron los invitados de honor de la primera edición celebrada en el sótano del Knockdown Center en Queens. Si la intención es integrar, no se puede hacer desde la exclusividad. Y luego está lo que afirmaron la mayor parte de los asistentes: que en la fiesta hubo mucha diversión, pero poca información sobre qué es la PrEP y nulo diálogo al respecto. Tampoco es que los beneficios (ni de la fiesta ni del merchan que ya se paga a precio de oro) vayan a parar a ninguna asociación benéfica. Y, para acabar, ¿no es un poco paternalista afirmar que en los 80 no hubo cultura de clubs y que aquí viene el artista para hacer justicia histórica con un gozoso ánimo de redención hedonista?
¿Acción necesaria o patinazo de Frank Ocean? Con solo dos ediciones de PrEP+ a la espalda, es francamente difícil asegurarlo. Pero una cosa está clara: el mero hecho de que todo un conjunto de personas que desconocían la existencia de esta pastilla de repente sepan qué es y se hayan incorporado al debate solo puede entenderse como algo positivo. Y también como una muestra del genio LGBTIQ de Ocean.

