Si nos remontamos a los orígenes del streetwear, se podría decir que todo empezó a finales de los setenta en California, con todas las culturas que derivaron del surf y el skate. Esta moda llegó en los ochenta a la costa este en Nueva York, que añadió al mix elementos de hip hop o la estética punk que provenía de Londres; pero el movimiento en sí no llegó a consolidarse hasta que unos veinteañeros japoneses llegaron para agitar las cosas.
EL STREETWEAR DE HARAJUKU

Para aquellos que sepáis de streetwear, está claro que os sonarán marcas japonesas de culto como las ahora icónicas Undercover y Neighborhood, o aquellas que se especializan en el denim de alta calidad, como Kapital, o en la estética outdoor como las marcas emergentes And Wander y White Mountaneering. Aun así, puede que no tengáis a mano la historia del streetwear japonés del barrio de Harajuku en Tokio, y es por eso que os descubrimos los orígenes de este fenómeno que empezó en los noventa pero que ahora lo peta más que nunca.
Fue a mediados de los noventa en el barrio de Harajuku, en concreto en la zona de Urahara, que viene a significar ‘aquello que está detrás o escondido’, cuando el streetwear empezó a cobrar especial relevancia. Por aquel entonces Urahara contaba con apenas cuatro bloques, pero era ya el distrito más rompedor en cuanto a moda, con diferentes boutiques, muchas de ellas incluso sin nombre, con estilos diferentes, pero de alguna forma conectadas con lo que estaba sucediendo en Estados Unidos. Entre ellas se encontraba Nowhere, que como el nombre indica era exactamente eso, un sitio que no pretendía llamar la atención, que vivía del boca oído, antes del internet, de chicos de instituto que se preguntaban el uno al otro dónde se habían comprado la camiseta o las zapas. Detrás de Nowhere estaba Jun Takahashi, que más tarde acabaría creando una de las marcas de referencia indiscutible, Undercover, y Nigo, fundador de A Bathing Ape.

¿Pero cuál era exactamente la esencia de Urahara? ¿Por qué se volvió tan popular? Básicamente se trataba de cómo estos pioneros entendieron esas subculturas que por aquel entonces estaban en auge en Estados Unidos e Inglaterra, ligadas al skate, al hip hop, al punk o al metal, y la forma en la que las tradujeron para que la juventud nipona las pudiera entender. Su visión única respecto a todo lo que venía de fuera, acabó convirtiéndose en su sello de identidad. Y así fue como poco a poco aparecieron nuevas marcas como Goodenough de Hiroshi Fujiwara, amigo de Jun y Nigo, que justamente criticaba que la moda propiamente japonesa no era “good enough”, ya que se centraba en la eficiencia y calidad dejando de lado algo muy importante, el estilo.
El movimiento Urahara enamoró a tanta gente que acabaría por llegar a occidente a principios de 2000, y ahí fue cuando se empezó a usar la palabra ‘streetwear’ para definir lo que hasta entonces todavía podía considerarse como underground. Más tarde llegaría al gran público gracias, entre otros, a Poggy (sin duda uno de los grandes portavoces del streetwear japonés) quien declaró que el barrio de Urahara, tal y como se conocía en sus inicios, había dejado de existir. Y tal vez tenga razón, el barrio ya no es lo que era, pero la cultura y la moda que se originó ahí ahora podemos observarla en prácticamente cualquier rincón del mundo.



