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TAMARA GRUNBERG Y EL ARTE DEL REWORK

El rework a lo mejor no es el futuro de la moda, pero puede que sí sea una forma de convertirla en un campo creativo mucho más estimulante, único y exclusivo. Es por eso mismo que a nadie debería extrañar que figuras como al de Tamara Grunberg cada vez reciban más atención y que sus mundos imaginarios en los que todo es posible cada vez sean más expansivos.

Unas botas de tacón hasta la rodilla realizadas a partir de bolsas de la compra que bien podrían haberse lucido en cualquiera de los últimos desfiles de Balenciaga pero que lucen el logo de Stüssy. Un microbolso a lo Jacquemus con el logo de Stüssy x Chanel que bien podría haber sido de (ejem) Jacquemus o Chanel. El icónico balaclava de Calvin Klein con el logo de Stüssy cosido… Tú creerás que el factor común denominador de todos estos casos es Stüssy, y también, pero lo que de verdad los une a todos es precisamente el brillante talento de Tamara Grunberg.

Al fin y al cabo, el trabajo oficial de Grunberg precisamente es el de dependienta en una tienda de Stüssy en Vancouver, pero es esta una labor que se complementa con su otro trabajo extraoficial: el de creadora de un mundo de fantasía, el de su cuenta de Instagram, en el que se dedica a realizar fusiones improbables como las mencionadas más arriba, todas ellas siempre delatoras de un conocimiento casi enciclopédico de la historia reciente de la moda. Es este un mundo de fantasía que ha acabado congregando a una cantidad sorprendente de acólitos y que, de hecho, ha conseguido lo imposible: que las creaciones de Tamara encuentren su camino hasta la realidad y que sus fans puedan hacerse con ellas. Como lo suyo son reworks no oficiales que no pueden ni deben venderse, Grunberg decidió sortear algunas de sus creaciones en la pasada Navidad con la intención de recaudar fondos para Directions Youth Service, una asociación que vela por los jóvenes sin techo.

Este gusto por el DIY nació en Tamara como nace en muchos niños: customizando sus propias Barbies. Ahora bien, al llegar al instituto, la diseñadora elevó su juego cuando vio que no podía permitirse comprar los modelazos que lucían las guays de la clase. En vez de conformarse con la certeza de que la vida no es justa, decidió crear sus propias versiones de esos modelazos. Y pronto se dio cuenta de que, cuanto menos se parecieran sus diseños a los que intentaba copiar, más triunfaban por lo que tenían de únicos y especiales.

Estas cualidades son precisamente las que han llevado al concepto de rework a la cresta de la ola de la creatividad fashionista del nuevo siglo. Al fin y al cabo, el arte del rework ataca directamente a los looks uniformados que imponen ya no solo las firmas de fast fashion, sino también las legiones de copiones de los influencers y las estrellas de estilo high end en Instagarm. Contra la homogeneidad de la producción en cadena, el carácter único de prendas que solo existen a partir del trabajo de otras creaciones ajenas que se fusionan y generan algo nuevo y exclusivo. El rework puede que no sea la moda del futuro, pero seguro que la convierte en un campo creativo mucho más interesante. Y Tamara Grunberg es una de las grandes pioneras de este arte.