Una relación que comenzó en las pistas de tenis, cuando el tenista René Lacoste inició su curriculum de innovaciones con el polo de piqué. Diseñado como prenda deportiva, más tarde ocuparía un lugar en los armarios más informales. Un ejemplo que siguió Fred Perry, otro tenista cuyo nombre se ha convertido en marca.
TENIS, EL PRIMER ALIADO DEL LUJO

El último trabajo de Virgil Abloh para Nike y Serena Williams en el Roland Garros reabre el debate sobre la vinculación del deporte, la moda y el lujo, mundos aparentemente compartimentados que en realidad tienen un largo historial de colaboraciones y vivencias en común. Quizás el lugar en el que más se han difuminado las barreras entre el deporte y lujo haya sido el tenis.
Menos conocido es el nombre de Ted Tinling, un jugador reconvertido en diseñador, creó los uniformes de muchas de las grandes jugadoras entre las décadas de los cuarenta y los ochenta y supo rodearse del nivel justo de escándalo para convertirse en leyenda. Lo hizo, por ejemplo, en 1948 cuando colocó encaje de color en el vestido de Betty Hilton, provocando un cambio en la normativa del All England Lawn Tennis Club para obligar a jugar completamente de blanco. Antes de esa fecha no había normas sobre el color de los uniformes de los jugadores, porque a nadie se le había ocurrido jugar con algo que no fuera blanco. Sin posibilidades de jugar con el color, en 1949 vistió a Gussie Moran con una falda tan corta que dejaba ver la ropa interior de encaje. Las normas fueron endureciéndose, obligando a Tinling a recurrir a nuevas ideas para seguir escandalizando. Durante las siguientes cuatro décadas siguió diseñando para estrellas del circuito masculino y sobre todo femenino, como Rosie Casals, Maria Bueno o Billie Jean King.

Tinling abrió el camino para otros diseñadores. Durante los años cincuenta solo se atrevió a seguirle Pierre Balmain, pero todo cambió a finales de los sesenta, con la profesionalización del deporte. Desde la llegada de la llamada Era Open los tenistas profesionales podían participar en los campeonatos más tradicionales, en lugar de enfrentarse en circuitos cerrados. Hasta ese momento cobrar por practicar el tenis era visto como algo sucio que debía apartarse de los torneos con más historia. Una vez aceptado que los tenistas podían cobrar por su rendimiento, las marcas comenzaron a verles como hombres anuncio
Si hasta entonces era el deporte el que creaba tendencias que las calles seguían, a partir de ese momento la moda comenzó a introducirse en el deporte. Durante las siguientes décadas veríamos la entrada de marcas como Cerruti 1881 o Bally que intentaban entrar en el tenis y otras como Gucci que se apropiaban del estilo del tenis pero se alejaban del rendimiento. La Gucci Tennis de 1984 es una de las zapatillas que más puede relacionarse con el tenis, aunque difícilmente llegaran a verse en una pista. Fue también el desconocido inicio de las colaboraciones de marcas deportivas y diseñadores, como la colección de Yonex con Issey Miyake en 1980 o las incorporaciones de Jean-Charles de Castelbajac en los equipos creativos de Ellesse y Le Coq Sportif.
En los últimos años, Diane Von Furstenberg (con Reebok) Pharrell Williams, Stella McCartney y Yohji Yamamoto (con adidas) o Virgil Abloh (con Nike) han sabido mantener el nexo entre el lujo y el deporte a través del tenis. Algunos de ellos provocando escándalos relacionados con el color o los cortes utilizados, como el catsuit creado para Serena Williams. Exactamente los mismos escándalos creados por Ted Tinling algunas décadas antes.






