EL AUDUN ALVESTAD DE CADA DÍA

Las pinturas de Audun Alvestad están pobladas por hombres normales. Por hombres que te cruzas cada día de tu vida. Por hombres normales que proponen una nueva masculinidad que nada tiene que ver con las rudezas machitas del siglo pasado, pero tampoco con su contrario.

Cinco hombres inmóviles en una piscina mientras un DJ pincha a escasos metros y cerca se acumulan botellas de vino. Un camarero sirviendo a un hombre una copa en la barra de un bar, ambos vistiendo camiseta imperio blanca. Un hombre leyendo desnudo en su cama con los calcetines puestos. Dos chicos llevando bolsas blancas de la compra. Perros siendo paseados por sus dueños alienados. Hombres tomando vino en grupo, todos en calzoncillos blancos. Un barbudo regando las plantas de su jardín con sandalias y calcetines… Estos son algunos de los habitantes del fascinante mundo estético de Audun Alvestad.

Y todos tienen una cosa en común: retratan al hombre normal y corriente de cada día. Porque parece que vivimos un momento en el que es necesario romper con la visión de la masculinidad del siglo XX, y que la única forma de hacerlo pasa por el giro copernicano hacia el terreno de lo queer. Contra el eterno vaquero con un cigarro en la boca, el youtuber que hace tutoriales de maquillaje. Contra el héroe rudo y silencioso, el antihéroe sensible hasta la lágrima fácil. ¿No está dejando esto de lado la posibilidad de la normalidad y la cotidianidad?

Ahí es precisamente donde nacen los personajes de las pinturas de Audun Alvestad, artista nacido en 1980 en Aalesund (Noruega) y que ya ha realizado exposiciones que han recibido amplio interés público en su país natal (en el Arts Council Norway), en Dinamarca (Gallery Kant) e incluso en Londres (Kristin Hjellegjerde Gallery). Es imposible no percibir esto como un mero inicio tentativo de lo que puede llegar a conquistar este hombre que parte de la paleta cromática y el hieratismo emocional de Russeau, y lo lleva hacia el estatismo y la soledad inherente a Edward Hopper.

Consiguiendo, eso sí, delimitar un territorio totalmente único, original y, por encima de todo, altamente necesario. Porque la masculinidad del siglo XXI se definirá desde el margen contrario a la del siglo XX, obviamente… Pero también desde la disidencia de lo cotidiano. De lo normal.