JORDAN XI BLACK/RED, EL REGRESO DE MICHAEL A LAS FINALES

Tras la muerte de su padre, Michael Jordan había abandonado el baloncesto y con él se había marchado también el universo que rodea a la mayor estrella de la NBA. Cuando el baloncesto buscaba su nueva estrella, el deporte profesional y la industria del espectáculo volvían a sacudirse por culpa de un escueto fax: “I’m back”. Jordan estaba de vuelta. En apenas 18 meses el baloncesto había pasado de intentar olvidar a su ídolo a prepararse para su regreso.

Pero nadie parecía preparado para el impacto que generaría su llegada. Tampoco lo estaban once años atrás, cuando jugó sus primeros partidos como profesional, pero entonces había sido una sorpresa, ahora todos sabían a lo que se enfrentaban. Y no estaban preparados.

No lo estaban los productores de Space Jam, la película que estaba a punto de rodar, ni lo estaba la NBA. Tampoco lo esperaban los Bulls, un equipo que después de perder a Michael había terminado la temporada regular a un nivel sorprendentemente alto. Nadie esperaba un rendimiento así de un equipo que había perdido el tótem sobre el que había sido construido. Sin embargo en el momento decisivo quedaron fuera de la lucha por el campeonato que habían conseguido las tres temporadas anteriores con Michael.

El regreso de Jordan fue tan sorprendente que Nike aún no había decidido qué hacer con su línea. La Jordan X se había desarrollado sin el asesoramiento de Michael y parecía ser la última Jordan, pero Tinker Hatfield, el mítico diseñador de todos los modelos desde la AJIII se oponía a cerrar la historia de Jordan. El anuncio de su regreso hizo que Nike se decidiera a continuar una saga que parecía a punto de desaparecer.

La primera aparición de las Jordan XI fue impactante, Tinker Hatfield había empezado a desarrollar las nuevas zapatillas a partir de las peticiones de Michael, pero aquellos primeros prototipos debían mantenerse ocultos porque no llegarían al mercado hasta unos meses más tarde. Sin embargo, Michael quedó fascinado y los estrenó durante los playoffs de 1995. La piel brillante, la suela translúcida y la placa de fibra de carbono suponían una mezcla de estética y rendimiento que no debía esperar.

Pero la vuelta de Michael no fue sencilla. A pesar de algunos momentos brillantes, los Bulls volvieron a quedarse fuera de la fase final de playoffs, con fallos de su estrella en los momentos decisivos. Fue el estímulo perfecto para que los Bulls movieran los hilos para preparar algo grande para la siguiente temporada. Michael Jordan tenía una una nueva actitud, Scottie Pippen había demostrado su valía, se incorporaba al equipo Dennis Rodman y algunos veteranos constituían el núcleo del vestuario. Se formaba así el que para muchos es el mejor equipo de la historia.

Durante la temporada regular 1995-96 los renovados Bulls consiguieron el récord de victorias y se presentaban en los playoffs como claros favoritos. Lo hicieron siguiendo una tradición que había comenzado en 1989; usar zapatillas negras en el momento definitivo mostrando que podían trabajar en equipo. Las Jordan XI Black/Red pasaron a ser las zapatillas de un equipo que funcionaba como una apisonadora. El resultado fue un cuarto anillo para Michael Jordan, que además fue MVP del All Star de la temporada regular y de las finales.

El partido que daría la victoria definitiva de los Bulls sobre los Sonics se celebró justamente el Día del Padre, y ha pasado a la historia como uno de los escasos momentos en los que Michael Jordan mostró su lado más emocional. Tumbado, primero sobre la cancha y luego en el vestuario, era el día perfecto para recordar a su padre.

Aquella zapatilla negra y roja para los playoffs fue el último de los escasos colores originales de la Jordan XI. Desde entonces ha sido reeditada en ocasiones puntuales, y lo hace ahora recuperando detalles clásicos que incluyen la caja original.