KEHINDE WILEY Y LA MODERNIZACIÓN DEL RETRATO

Kehinde Wiley saltó al ojo público en el momento en el que los Obama lo escogieron para inmortalizar sus retratos presidenciales. Pero, ojo, porque su propuesta va mucho más allá de los retratos a famosos. Lo suyo es arte politizado.

En la era del selfie, es comprensible que el formato retrato haya sufrido una devaluación rampante. Cuando tú mismo puedes hacerte todos los retratos fotográficos habidos y por haber y aplicarles un buen sinfín de filtros para lucir tal y como quieres lucir, ¿para qué recurrir a un pintor que haga eso mismo (pero cobrándote)? No es de extrañar, entonces, que las artes pictóricas hayan preferido explorar otros derroteros que, a priori, pudieran parecer mucho más interesantes y fructíferos. A no ser, claro, que hablemos sobre Kehinde Wiley y sobre cómo está cambiando el significado del retrato pictórico de una vez por todas.

Su estilo no podría ser más reconocible: sus retratos están poblados por hombres y mujeres de color representados sobre fondos de flores de colores. A veces, emulan retratos clásicos de hombres con armadura sobre majestuosos caballos o majas vestidas cuya mirada está impregnada de un porte absolutamente nobiliario. Y, sí, lo más probable es que el trabajo de Wiley te suene precisamente porque fue el artista que los Obama eligieron para inmortalizar los retratos que colgarán de las paredes de la Casa Blanca hasta el fin de los días. Aquel fue el momento en el que absolutamente todo el mundo entró en contacto con el universo de Kehinde… Y, lo que es más importante todavía: fue el momento en el que su discurso saltó a primera línea del arte moderno.

Porque, obviamente, detrás de su archiconocida propuesta hay todo un discurso en torno a la identidad política de la nación negra. Wiley mete el dedo directamente en la llaga de la representatividad negra en el arte pictórico: no existen retratos de la pintura clásica protagonizados por personas de color. Así que su cometido es enmendar ese fallo histórico y, de paso, reclamar un cambio urgente en la iconografía y la mitología negra: ¿por qué los hombres negros solo suelen representarse como iconos de esa cultura de la violencia y la agresividad epitomizada en la cultura hip-hop? ¿Por qué no relativizar la verosimilitud de ese retrato (forzado por el hombre blanco) poniendo el foco sobre hombres y mujeres de color en entorno bellos que transmitan valores mucho más positivos? Lo que hace Kehinde Wiley nunca lo conseguirá un filtro de Instagram: lo de los selfies es la banalización del retrato, mientras que esto va más bien de la politización del arte.