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LA HISTORIA DE LA ZAPATILLA MÁS CARA DEL MUNDO

Los 435.000 dólares que Miles Nadal pagó por unas Nike Moon Shoe las convertía en las zapatillas más caras de la historia, duplicando la cifra que llegó a pagarse por una Converse que llevó Michael Jordan en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984, y cuadruplicando las Jordan XII que Michael usó en el recordado Flu Game. Hay otros casos de cifras exageradas asociadas a famosos y celebridades, sin embargo la zapatilla más cara de la historia no esconde ningún gran nombre. ¿Qué deben tener unas zapatillas para llegar a ese precio? Historia e influencia.

En 1972 Bill Bowerman y Phil Knight estaban convirtiendo su empresa de importación en una marca propia a la que llamarían Nike. Aprovecharon que las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos se celebraban en Eugene, la cuna de Nike, para convertir su pequeña tienda en el lugar perfecto para promocionarse entre los atletas. Los primeros empleados de Nike regalaban camisetas personalizadas con el logo de la marca en la parte frontal y el nombre del corredor en la trasera en un intento de ganar visibilidad. Muchos de los atletas que pasaron por aquella tienda formaron parte de la historia de Nike: Kenny Moore fue uno de los primeros probadores de Bowerman, Frank Shorter estuvo a punto de ser el primer medallista olímpico de Nike (cambió de zapatillas unos minutos antes de la salida del maratón de 1976), Jeff Galloway fue el primer atleta en entrar en meta con un swoosh y el último clasificado en los trials, Tom Derderian trabajó como diseñador para Nike en los setenta y ochenta.

Mark Covert era un atleta conocido en el ambiente universitario que probaría en el maratón durante los trials, las pruebas de clasificación. Uno de los primeros trabajadores de Nike, Geoff Hollister, le propuso probar algo nuevo, unas zapatillas que estaban desarrollando para su incipiente marca. Allí mismo marcaron la silueta de cada pie sobre un papel, midieron la altura de los arcos y dos días después Mark Covert conoció el resultado: una zapatilla diseñada específicamente para él, completamente distinta a cualquier otra jamás realizada.

Hecha a mano por Hollister con la colaboración de un zapatero local, Jim The Shoe Doctor, ponía a prueba en competición una de las ideas de Bill Bowerman, la suela Waffle. La leyenda cuenta que Bill Bowerman buscaba un diseño que mejorara el agarre y la amortiguación de atletas y jugadores de fútbol americano y encontró la inspiración en una máquina de hacer gofres. La suela dejaba una huella que recordaba la que dejaron los astronautas en la luna un par de años antes, por lo que todos comenzaron a llamarlas Moon Shoes. Según el propio Hollister, para los trials de clasificación para los Juegos Olímpicos se fabricaron entre diez y doce pares, todos adaptados a las necesidades de cada atleta. El nailon venía directamente de Japón y se trabajaba a mano como podía apreciarse en el agujereado para facilitar la transpiración, el swoosh cosido con hilo de pescar o los cortes de la suela.

Covert probó la Nike Moon Shoe durante los días previos al maratón. La suela no solo facilitaba el agarre, los tacos también le daban una amortiguación extra que actuaba junto a la plantilla Spenco, otra novedad que pasó desapercibida. La zapatilla era tan buena que Covert se atrevería a usarla en el maratón, pero a cambio quería algo más, una camiseta serigrafiada con su apodo, Bushman, que hacía referencia a la barba y la melena que Covert había convertido en su firma.

El día del maratón la mayoría del público estaba pendiente de la estrella local Steve Prefontaine, que competía en el 5000 (fue tras esa carrera cuando pidió al público una camiseta en la leyenda STOP PRE). Contra todo pronóstico, Covert se situó en cabeza junto a los favoritos Moore y Shorter, en un trío que parecía separarse del resto para clasificarse a los Juegos de Olímpicos. Una frase de la radio local conseguía resumir el pensamiento del público: “Oh, dios mío, un freak se va a meter en el equipo olímpico”.

Cerca de la milla 20, Covert comenzó a pagar su osadía en el maratón. Poco a poco fue perdiendo puestos hasta entrar en séptimo lugar en el estadio de Hayward Fields, donde fue ovacionado como si fuera el mismo Prefontaine. El carácter de underdog le convirtió en favorito para el público y estableció de algún modo la imagen de Nike. Era la primera carrera en la que podía verse el ahora reconocido swoosh.

Mark Covert se convirtió poco después en manager de la primera tienda Nike en Orange County y fue internacionalmente conocido porque durante cuarenta y cinco años no dejó de correr ni un solo día. Bruce Mortenson o Dave Russell también corrieron con aquellas Moon Shoes, pero la historia de esas zapatillas estará siempre unida a Mark Covert, un inesperado y barbudo protagonista del maratón.

Aunque nunca llegaron a ponerse a la venta, las Nike Moon Shoes sirvieron como punto de partida para las suelas Waffle que llegaron al mercado en 1973 en modelos como Oregon Waffle, Waffle Trainer y Waffle Racer. La historia de la Moon Shoe era tan particular que Runner’s World le dedicó un artículo en el que incluso se preguntaba si era necesario el uso de clavos. La influencia de esa suela se aprecia hoy día en zapatillas de running y reediciones que han servido de inspiración para ediciones limitadas como LDWaffle de de Sacai . Algunos detalles de aquellas primeras zapatillas aparecen en modelos actuales como referencias directas (Nike Moon Racer) o detalles ocultos (el modo en el que la ojetera oculta el swoosh en la Air Max 270 React).

Uno de esos primeros pares de Nike Moon Shoes no llegó nunca a estrenarse y fue subastado 47 años después. Esos 435.000 dólares explican el origen y la evolución de Nike pero pueden palidecer frente al descubrimiento realizado en 2010. En unas excavaciones para solucionar problemas del tendido eléctrico en el jardín de los Bowerman, un trabajador encontró una zapatilla que encajaba a la perfección con la descripción de los primeros prototipos creados por Bill Bowerman con la máquina de gofres. La zapatilla, ahora propiedad del coleccionista Jordan Geller, parece el único modo de aumentar la leyenda de un artículo que significa mucho más que el dinero que se ha pagado por ellas.