PACO Y MANOLO, EL DESNUDO COMO ARMA CONTRA LA NORMATIVIDAD

Paco y Manolo son conocidos como maestros del retrato y como exploradores del desnudo masculino. A veces se les mete en el saco del arte LGBTIQ, pero esa apreciación resulta demasiado limitada si tenemos en cuenta el alcance de su obra… De eso (y de bastante más) hablamos con ellos en esta entrevista.

Paco y Manolo empezaron en esto de la fotografía profesional como muchos otros fotógrafos: haciendo retratos a artistas para diferentes revistas de los 90, ya podía ser la añorada AB (antecesora de METAL) o la todavía vigente Rockdelux. Lo que pasa es que, de repente, el mundo entero se enamoró de la sensibilidad de su objetivo, por lo que no es de extrañar que acabaran retratando a iconos como Carlos Berlanga o Jarvis Cocker. Y lo que pasa, sobre todo, es que a Paco y Manolo les interesaba esto de los retratos, pero no tanto lo de los artistas.

Y así nació el que es su proyecto más personal: el archiconocido magazine Kink, donde exploran el desnudo masculino en todo su esplendor. La suya es una visión del desnudo que viene de lejos, desde aquellos tiempos en los que su libro Common People mostró a todo un conjunto de personas desnudas en sus casas con la intención de que fuera el cuerpo y su entorno lo que exudara personalidad, y no la ropa. Esta visión del desnudo, sumada a la visión de la sexualidad de los propios Paco y Manolo, es la que ha acabado por sublimarse en Kink, que ya lleva la friolera de 30 números a sus espaldas.

De hecho, en los últimos tiempos, a Kink hay que sumar la estimulante Fac Simile, una nueva publicación en la que los fotógrafos exploran las posibilidades del formato Polaroid, y Rainboy, un fanzine en fotocopia y risografía. Porque la suya es una obra en movimiento, y de eso queremos hablar precisamente con ellos.

Empecemos por el principio de todo… ¿Cuándo fue la primera vez que cayó en vuestras manos una cámara de fotos y cuál fue la primera foto que os hizo sentir fotógrafos?

Como para mucha gente de nuestra generación, nuestra primera cámara de fotos fue un regalo de comunión. La de Paco una cámara Polaroid, y la mía una Kodak Instamatic. Paco fue el primero en tomárselo en serio, fotografiando a amigos; y después me uní yo. Al principio no teníamos muy claro qué queríamos hacer, pero presentamos nuestro book a varias revistas y nos llamaron. Siempre creímos que nos iba a ir bien, porque la primera foto que hicimos para publicar fue a Carlos Berlanga, del que éramos muy fans (le hicimos fotos para Self). Al día siguiente vinieron a casa Astrud, que acababan de sacar su primer single, y los fotografiamos para AB. Con estas dos sesiones de fotos pensamos: ¡Lo hemos logrado!. De esto hace 20 años. Éramos muy inocentes. Ahora sabemos que una foto no hace carrera. Pero, si me lo hubieran dicho entonces, no lo hubiera creído. La juventud es osada, e inconsciente.

En el año 2014 presentasteis una exposición que se llamaba Preludio. Visto desde aquí y ahora, ¿de qué fue preludio exactamente?

En el año 2004 hicimos una exposición que se llamó Los días veloces. En ella hablábamos de la rapidez del paso del tiempo. Con Preludio queríamos cerrar el círculo que abrimos entonces. En ese momento estábamos viviendo el preludio de nuestra madurez, el fin de nuestra juventud.

¿Con la madurez exploráis otras temáticas que en la juventud no os interesaban?

Nuestro trabajo es principalmente nostálgico. Evoca el pasado, pero no como lo hemos vivido, sino idealizando algo que nunca fue real. Cada vez somos más reconcentrados, más íntimos y cerrados. Menos luminosos. Suponemos que eso también tiene mucho que ver con el paso de los años. Aún así, siempre nos hemos centrado en los mismos temas, aunque ahora los abordemos de forma diferente.

El desnudo sigue siendo la base de vuestro arte. ¿Por qué creéis que es un campo artístico que no se agota? ¿O acaso alguna vez creéis que habéis llegado a un techo con él?

Siempre nos ha interesado retratar a gente obviando la manera en que se muestran a los demás. La ropa siempre nos ha parecido un obstáculo, una máscara, y preferimos que nuestros modelos se nos muestren tal cual son. Trabajamos el desnudo como una metáfora de cómo nos enfrentamos al mundo. Esto se ve mucho más en nuestros proyectos expositivos que en Kink, por ejemplo, donde introducimos el sexo como pretexto para hacer retratos, que es lo que más nos gusta. Por eso siempre decimos que Kink es una revista de retratos.

Vuestro desnudo, sin embargo, explora mucho más que la belleza del cuerpo. Explora, como decía aquel libro vuestro llamado Common People (y como explicas ahora), la posibilidad de capturar la personalidad de una persona sin la ropa, que suele ser el medio con el que expresamos nuestra personalidad. ¿Sigue siendo vigente esta exploración en vuestra obra?

Exploramos la intimidad. La belleza del cuerpo no es algo que nos interese especialmente. Cuando alguien nos pide que le fotografiemos, normalmente comentamos que, si quiere salir guapo en la foto, hay otros fotógrafos que se lo van a dar. Nosotros buscamos realidad e intimidad. Cada vez más, porque el desnudo se esta convirtiendo en algo público. Hoy el sexo es un hecho social, relegando la intimidad a otros aspectos de la vida. Aún así, intentamos encontrar lo que queda de intimidad, todavía, en el desnudo y en el sexo. Como te he comentado antes, partimos del retrato. En nuestro caso del auto-retrato por lo que, en el fondo, lo que se ve en nuestras fotos de desnudo o de sexo no es la intimidad del retratado, sino la nuestra. En Kink, por ejemplo, mostramos básicamente nuestra forma de enfrentarnos al sexo. Natural, sin fetichismos, feliz y desprejuiciada.

¿Habéis sentido en algún momento que vuestra obra es importante a la hora de abrir la mirada erótica masculina fuera de la heteronormatividad?

Para nosotros es importante que se vea que hay diferentes formas de enfrentarse al sexo fuera de la heteronormatividad. Hay muchos ejemplos de chicos hetero que salen en Kink, rodeados de chicos gays y mostrando una sexualidad que van a disfrutar mayormente chicos gays. No tienen miedo a que les encasillen, y eso nos parece increíble. Hace unos años hubiera sido muy difícil, pero el mundo está cambiando mucho y nosotros somos también parte de eso. Nos encanta.

¿Por qué creéis que se os toma como referente gay? ¿La exploración del desnudo masculino tiene que ser gay per sé? ¿Es esta una reivindicación activa en vuestra obra o es algo que ven los demás?

Todos somos seres políticos. El mismo hecho de existir te convierte en un ser político. Somos gays, nuestra vida es abiertamente gay, y trabajamos el desnudo masculino. Nos sentimos muy a gusto con nuestro lugar en el mundo. Somos activos en la lucha por defender nuestros derechos.

También hay en vuestra fotografía, obviamente, un componente de capturar ese momento que, por sí mismo, también lo diga todo. En una carrera tan larga como la vuestra, ¿conseguís capturar ese momento con frecuencia o es algo que seguís persiguiendo?

Como te he comentado antes, una foto no hace una carrera. Pero sí que hay fotos que valen una carrera. Casi todos los fotógrafos que nos gustan tienen imágenes icónicas. Creemos que nosotros también tenemos algunas. Y de vez en cuando llega otra. Es algo que no buscamos. Siempre nos dejamos llevar por la situación, nunca preparamos nada, pero hay veces que los astros se alinean y conseguimos una de estas imágenes. Es una sensación increíble.

Kink acaba de llegar a su número 30, lo que significa que hace tiempo que dejó atrás la mayoría de edad y empieza a entrar en la madurez… ¿En qué punto vital se encuentra vuestro proyecto?

Kink es un proyecto que empezó en una exposición, nunca pensamos que iba a durar tanto tiempo. Ahora está en muy buen momento. Tenemos puntos de venta en 12 países. Aún así, para nosotros lo más importante es que Kink sea cada vez mejor, que siga siendo un reto para nosotros.

A estas alturas todo el mundo conoce Kink. Pero, si tuvierais que describir el magazine a alguien que no supiera nada de él, ¿cómo lo haríais?

Siempre decimos que Kink es una revista de fotografía erótica masculina, pero la gente nunca lo pilla del todo. Hay muchas revistas de chicos desnudos en el mercado, pero creemos que Kink es distinta. Y lo que la hace distinta es que es un proyecto muy personal. Nos volcamos totalmente en ella y eso se trasmite de alguna manera, por lo que es muy difícil de describir.

Ahora tenéis otro proyecto igual de lozano, Fac Simile, centrado en el formato Polaroid. ¿Qué tiene este formato que se ha convertido en vuestra otra gran exploración?

Es inmediato, impredecible y único. Fac Simile es un proyecto de 10 fascículos que, juntos, forman un libro de polaroids. Es como las colecciones  de quiosco que hacíamos de pequeños. También acabamos de empezar Rainboy, un fanzine en fotocopia y risografía, del que vamos a editar 7 números diferentes en edición limitada. En breve lanzaremos el número 2.

Estamos en el mes del orgullo LGBTIQ… ¿Sois de los que os sumáis incondicionalmente a las celebraciones o los que se suman, claro, pero tienen un punto crítico al respecto?

El Orgullo es necesario. Nos sumamos siempre y lo disfrutamos, aunque somos muy críticos. Lo defenderemos a muerte a pesar de que el hecho de que sea más importante la fiesta que la reivindicación no nos entusiasma. Tampoco nos gusta la uniformidad, el mundo gay es como todo: diverso, y eso no se refleja en la programación del Orgullo. Y de los conciertos ni hablamos. Aún así, allí nos encontrarás.

¿Creéis que un artista debe usar su poder y su voz para dar fuerza a este tipo de reinvindicaciones?

Siempre, para nosotros es un deber.