POR QUÉ EL POLO DE RUGBY SE HA CONVERTIDO EN IMPRESCINDIBLE

Cuando el fútbol y el rugby decidieron seguir distintos caminos, crearon también distintos patrones estéticos. En un principio se celebraba una actividad de la que derivaron fútbol y rugby, a medias entre lo deportivo y lo festivo sin unas reglas fijas que se acordaban antes de cada partido, pero a mediados del siglo XIX ya surgía la necesidad de unificarlas para evitar que las discusiones fueran más largas que el propio encuentro.

Entre las primeras escuelas en hacerlo estaba la Rugby School, una de las instituciones educativas más antiguas de Reino Unido. Según su tradición, era un deporte de mucho contacto en el que se permitía tocar el balón con las manos, sin embargo en otras escuelas se promulgaron normas que impedían tanto el uso de las manos como las zancadillas. Fue la brecha que separó el fútbol del que entonces se llamó Rugby Football.

En un principio las vestimentas de fútbol y rugby eran prácticamente idénticas, sin embargo el rugby descubrió pronto que un estilo más agresivo implicaba nuevas prendas. En un tiempo en el que las camisetas eran consideradas prendas interiores, las equipaciones fueron dejando atrás las lanas y franelas que se empapaban en climas húmedos. Debía ser de algodón, con cuello rígido para que mantuviera la forma y al menos en principio, sin botones que podían dañar a los rivales. Los jugadores de rugby ya no remataban de cabeza, por lo que no era necesario el pequeño gorro que usaban los futbolistas para amortiguar el impacto de los pesados balones de la época. Esos gorros eran también una forma de identificar a los jugadores de cada equipo, algo que pasó a depender de los polos, que se decoraron con franjas horizontales en oposición a las verticales del fútbol.

El polo de rugby comenzó a popularizarse fuera de los campos como adhesión, no tanto de equipos sino de las escuelas que representaban. El polo de rugby se convirtió en la prenda fetiche de la Ivy League, un estilo que Ralph Lauren supo reflotar en los ochenta.

Sin embargo, una de las marcas que más debe a los polos de rugby nunca pasó por la Ivy League. En los setenta, Yvon Chouinard era un escalador que había creado una marca de equipamiento técnico de montaña, pero no prestaba mucha atención a sus ropas. En Escocia encontró algunos polos de rugby de segunda mano que sorprendentemente funcionaban a la perfección en la montaña; el cuello impedía roces de las cuerdas y estaba realizado en un algodón a prueba de desgarros.

Chouinard compró algunos polos que vendió rápidamente en Estados Unidos entre montañeros y pronto se vio inmerso en el mercado textil, fabricando sus propios polos. A la hora de elegir un nombre para la marca, pensó en su zona de escalada favorita, Patagonia. Desde entonces los polos de rugby se han convertido en un imprescindible para su marca.

Las equipaciones de rugby han evolucionado con materiales técnicos y nuevos cortes diseñados para mejorar el rendimiento, muy diferentes a los diseños clásicos. El polo de rugby ha olvidado su origen, pero se ha convertido en un prenda imprescindible en las calles que se renueva cada temporada con las ideas de Tyler The Creator o JW Anderson (hijo de un jugador de rugby). Aceptada por las marcas de streetwear, los polos de rugby son deportivos, cómodos y apropiados para cualquier situación.